Si eres alemán y fuiste bully ¡cuidado! porque los geeks se han organizado, dominan con maestría el ciber espacio y cuentan con amigos poderosos: extraterrestres.

Recién llegamos a Berlín cuando nos dispusimos a conocer la ciudad, conforme caminábamos el grupo se iba haciendo más pequeño, a cada paso perdíamos fulanos y zutanos. Al final sólo quedamos Eva, Pablo, Alejandro y yo. (Compañeros del Master of Strategic Design Labs y del Communication Design Labs)

Seguimos el río, (la mejor referencia geográfica para los perdidos) pero el camino iba tomando una pinta mística, algo estaba por suceder.

Luego el piso ya no era piedra, sólo tierra. No había árboles, sino arbustos. Uno tenía que agacharse para evitar picarse los ojos con alguna rama. Olía a cerveza quemada, tierra húmeda y orín. Cuando el camino se terminó, sólo quedaron dos opciones, echarse al río a buscar suerte o subir unos cuantos escalones para cruzar una puerta y entrar a otra dimensión.

Quedamos perplejos, era como haber entrado a Hackers, Alien y 12 Monkeys con una pizca de trash metal.

Nos acercamos a la barra (el safe de los que no saben que hacer) y pedimos unas cervezas para después continuar con nuestra curiosidad. Conforme recorríamos el sitio, la sensación de estar en un lugar prohibido aumentaba, hasta que alguien nos detuvo y dijo que estábamos en zona de “members only” y que si queríamos seguir explorando pidiéramos un visita guiada.

Así nos adentramos al C-base, la escena hacker berlinesa. En el tur nos mostraron y explicaron sus planes para dominar al mundo, nos presentaron miembros del club y explicaron algunos de sus proyectos, que comprendían desde camisetas, cabinas para llamar a cualquier deidad, talleres y monóculos con estoperoles afilados. Estos últimos creados por un pálido alemán gigante de amplia masa, rapado y que a distancia parecía que tenía los dientes afilados.

Era la clase de tipo que si te encuentras en la calle la conciencia te obliga a agachar la cabeza y a no hacer ningún ruido. Sin embargo, al hablar derrochaba timidez, cordialidad e ingenio. Nos explicó sus planes de adaptar sus monóculos a manera de cámara óptica con zoom integrado.

La visita al C-base fue tema de conversación a la mañana siguiente mientras desayunábamos, algunos nos tomaron por dementes o exagerados, pero yo tenía una prueba, un video ultra secreto que por motivos de seguridad no me atrevo a subir, no vaya a ser el diablo y me “jaquien” el face o el tuiter.

Conclusión, Berlín es cuna de frikis y eso “mola mogollón”.